Plática para el 15 de marzo de 2020

(Adaptación de la plática del primer día de la tercera semana de ejercicios espirituales a consagrados laicos en septiembre de 1968 por el venerable padre Tomás Morales).

Después de diecisiete días de marcha de cuaresma, la tierra del corazón está más preparada para recibir la semilla, por lo tanto, un granito pequeño y diminuto produce al ciento por uno, a diferencia del primer día si el alma ha sido fiel a las adicciones de Ignacio, está más preparada para la sementera, por lo tanto cada segundo de esta semana equivale a una hora o dos horas de la etapa anterior, la etapa más fecunda. Segundo, la etapa más santa, nada más santo en el mundo que Jesucristo y nada más santo en Jesús que su pasión.

Tercero, la etapa más trascendental, ¿por qué?, porque yo necesito para ser otro Cristo una fuerza, y la fuerza me la da la pasión de Jesús, yo necesito para cumplir la misión mesiánica que me ha encomendado el Padre como a Cristo, necesito una fuerza que únicamente la encuentro en Cristo y en Cristo crucificado, necesito para superar las insidias del enemigo, que estará tratando de apartarme del camino de mesianismo trazado por el Padre a base de obediencia, de desaparecer, de sufrimiento, necesito una fuerza, y únicamente la encuentro en Jesucristo crucificado, etapa más fecunda, la más santa y la más trascendental.

Ésta es la importancia del nuevo período que comenzará con la Pasión. En ejercicios se supone que se toman grandes decisiones durante la primera y segunda semana, sobre todo en la segunda, la decisión de ser un Cristo, viviendo un mesianismo no a la medida de mi voluntad, no a lo que a mí me parezca, se me ocurra, porque directamente me lo comunica Dios en la oración, no, sino un mesianismo a base de cumplir la voluntad del Padre que se expresa en los acontecimientos, en las situaciones corrientes y normales de la vida, en la persona que me manda en nombre de Dios.

Si en esta cuaresma he tomado esta decisión, ahora necesito una inyección de fuerza para cumplirla, llegando hasta el derramamiento de sangre, que hará falta siempre, unas veces cruento si Dios dispone que mi vida empiece para siempre con el martirio, y otras veces incruento, martirio blanco de cada momento para inmolar mi propia voluntad con Cristo que se ofrece en la misa, porque sigue realizando entonces la redención.

¿Cuál es el medio o cuáles son los medios para conseguir lo que se pretende?, primero, mucho más recogimiento y soledad que los días anteriores, sin comparación, lo bonito del paisaje, del mar, la montaña a lo mejor puede distraer, porque te pones a contemplar la montaña y ya estás haciendo marchas con la cabeza sin que te des cuenta. De manera que lo bonito del paisaje quizá perjudique, puede ser que alguien le ayude, pero también puede ser que, a otros, sin darse cuenta por supuesto, les perjudique, mayor soledad, que no haya nada ni nadie que te perturbe, es indispensable irla consiguiendo desde el primer momento de esta etapa decisiva que ha comenzado.

Segundo, saber aprovechar bien los ratos entre contemplación y contemplación, eso que se llama tiempos libres y que no son tales tiempos libres, sino que son prolongación del ambiente que se ha tenido en la contemplación, ¿cómo?, reposando, tomando notas, leyendo sólo el Evangelio de la Pasión y sólo hasta la escena que has contemplado, y si lees algo de lo anterior de la vida de Jesús siempre en función de la pasión y diciéndote, todo esto por mí, reflictiendo para sacar algún provecho.

Segundo, coger el Misal, que ya hemos dicho que el Misal hoy la gente cree que no hace falta porque la misa es en castellano, una idea un poco rutinaria y superficial, coger el Misal y saborear la liturgia, desde el Domingo de Ramos al Viernes Santo inclusive, poco a poco, despacito. Saborear la misa del primero de julio, preciosísima sangre, la del catorce de septiembre exaltación de la cruz, la de la misa de la Virgen de Dolores, saborear en el Misal esas palabritas más todavía.

Los salmos, los que se refieren sobre todo a la pasión de Jesús, en particular el veintiuno, imitación de Cristo todo el libro cuarto, materia de sobra, porque mucha gente no tiene oración porque no sabe leer, porque no tiene lectura espiritual, porque no sabe alimentar su espíritu, y luego llega a la oración y se encuentra sin ideas, claro, si en el tiempo libre ha estado solamente viendo las montañas y viendo el mar, natural.

Si no tiene la soledad necesaria para hacer con tranquilidad cada día un rato de lectura espiritual, y el domingo o algún día que tenga más tiempo disponible para hacer más tiempo de lectura, leyendo a Juan de Ávila, a Juan de la Cruz, a Teresa de Jesús, a Carlos de Foucault, o a quien sea con tal de que sea hombre de Dios, pues se encuentra luego vacío. Si el ochenta por ciento de la oración es la lectura espiritual, y hay que acostumbrar a la gente tanto a hacer oración cómo ha tener lectura espiritual, porque la lectura viene hecha ya, o es oración o es un preludio para la oración.

Y sobre todo cuanto tú estés fuera de la oración, Santa Madre de Cristo Dolorosísima, y cada vez una jaculatoria, pero siempre alrededor de la Virgen Dolorosa hasta que te quedes enteramente solo, y esto puede hacerse en un ambiente de paz, de tranquilidad, con un control de los ojos grande, sin violencia de ninguna clase que no hace falta, pero como según la frase bíblica la muerte entra por las ventanas, es decir por los ojos, mientras no se controla la vista no hay nada que hacer.

Segundo medio, bañar de amor toda la penitencia que haces, más o menos según Dios te inspire y según te den permiso para hacerla, sabiendo que la gran penitencia no consiste tanto en quedarte sin comer veinticuatro horas, que a lo mejor te lo pide Dios y conviene que lo hagas con el permiso consiguiente, sino en hacer bien el examen de la oración. Ya sabemos que no es estarse todo el rato dándole vueltas a si me he distraído o no, porque eso sería minimilizar el examen, pero sí estar aprovechando bien el tiempo para ver sobre todo si en el rato anterior a la contemplación que acabo de hacer he estado perdiendo el tiempo, sin darme yo cuenta y sin quererlo ni pretenderlo, porque una cosa es saber descansar, cuyo arte hay que poseer y manejar, y otra cosa es disiparse y salir de este ambiente delicioso, que es indispensable para esta etapa, la más fecunda, la más santa y la más trascendental.

De manera que la principal penitencia consiste en guardar muy bien las adicciones de san Ignacio, lo mismo que la gran penitencia fuera del retiro consiste en trabajar a fondo y estudiar aunque no tengas ganas, y atender en clase aunque te reviente, etcétera, etcétera, etcétera. Otro medio para lograr entrar bien en la Pasión, llevar muy bien el examen particular sobre las adicciones como te acabo de decir, y pedirse cuenta después de cada rato de oración cómo va funcionando.

Aquí dice el Santo que hay que modificar ahora algo las adicciones, luego en despertándome, en vez de proponerme como antes la figura de Jesús, naciendo, viviendo su vida oculta o pública, luego en despertándome, es decir cada momento del día, no solamente al levantarme por la mañana, poniendo delante de mí adónde voy y a qué. Actuándome, porque si no vienes despistado a la capilla, y sigues despistado toda la oración, y sigues despistado todo el día, poniendo delante de mí adónde voy y a qué.

Resumiendo un poco la contemplación que quiero hacer según el misterio fuere, esforzándome mientras me levanto y me visto, mientras vengo a la capilla, mientras estoy en el rato libre, esforzándome mientras me levanto y me visto en entristecerme y dolerme de tanto dolor y de tanto padecer de Cristo nuestro Señor, esforzándome Santa Madre de Cristo Dolorosísima, a tu lado, ayúdame, apoya, bendice, visita, porque esta manera de esforzarse con la Virgen es tan suave, pero es de cada momento de todos estos días que han comenzado.

Y luego dice aquí san Ignacio que se mudará también la sexta adicción, no trayendo pensamientos alegres, aunque sean buenos y santos, estorban ahora, como de Resurrección o de gloria, sino inducirme a mí mismo a dolor y a pena, y quebrando, trayendo en memoria frecuente, por lo tanto durante todo el día, cuando estás comiendo, cuando estás descansando sino es que está roque del todo, trayendo en memoria frecuente, todo el día. Porque claro es el contemplativo a lo largo de las veinticuatro horas, el que trata de forjar Ignacio, trayendo en memoria frecuente los trabajos, fatigas y dolores de Cristo nuestro Señor, que pasó desde el punto que nasció, y por eso la mirada retrospectiva hacia la vida pasada de Jesús no está excluida en la mente de san Ignacio, sino que puede hacerse con tal de que todo, desde el nacimiento, esté impregnado en ese colorido de sacrificio sangriento del Calvario.

Porque ahora se puede mirar en perspectiva toda la vida del pasado de Jesús enfocada hacia la cruz, según aquello que trae el Santo en la contemplación del nacimiento, cuando dice que hay que contemplar las personas mirando lo que padecen y sufren y el trabajo de Cristo que todo lo padece por mí, hambre, frío, para morir en la cruz. Porque no quiere Ignacio que te pierdas en detalles, sino que descubras el hilo de sangre y de oro de amor, que va enlazando todos los misterios y las acciones más mínimas de Jesús.

Y dice él que debo privarme de claridad, por lo tanto, si a alguno le ayuda en la habitación tener la ventana o la persiana echada que lo haga, si a los que se quedan aquí en la capilla les ayuda pues que también lo hagan, lo dice él, ya se sabe que a unos ayudará más a otros menos, cada uno vea lo que hace en este punto.

Y ahora una cosa muy interesante acerca de cómo se ha de hablar en la oración y se ha de contemplar. En los coloquios, y toda la oración es coloquio, y todo el día es coloquio, debemos razonar y pedir según subyecta materia, es a saber, según qué me haya tentado o consolado, y según qué deseo haber, tener, una virtud u otra, según que quiero disponer de mí a una parte o a otra, según qué quiero dolerme en lo que contemplo, pidiendo aquello que más eficazmente deseo, y de esta manera puedo hacer un solo coloquio con Cristo nuestro Señor, o si la materia o devoción  me conmueve puedo hacer tres coloquios, uno con la Madre, otro con el Hijo y otro con el Padre.

Prácticamente estar invocando continuamente a la Virgen y al Espíritu Santo, y ya con esta invocación la Virgen te pondrá en contacto con Jesús, que sufre y muere por ti, y Jesús con el Padre de los cielos. Esto es importante, saber hablar así, saber hablar de esta manera, pidiendo pues alguna virtud, como por ejemplo la paciencia que es la que más nos hace falta a todos, porque la humildad es paciencia, la obediencia es paciencia y todo se reduce a la paciencia, y el querer desaparecer ante la voluntad del Padre, siendo otro Cristo, es paciencia, y la paciencia es lo que más falta nos hace a todos.

Y por eso precisamente la liturgia de la misa, Domingo de Ramos, cuando se abre la gran semana, omnipotente y eterno Dios, para que los hombres tuviésemos ejemplo de humildad que imitar hiciste que tu hijo se encarnase y muriese en la cruz, haz que aprendamos la enseñanza de su paciencia, ah, aquí está todo. Cuando Juan Bosco estaba allí con su madre, harta ya en Turín de estar con los birbiquines que le manchaban la ropa que ella acababa de tender en la huerta y que le pisoteaban las coles y lo que ella plantaba, me voy a Murialdo, tú te quedas aquí con toda esta patrulla, yo me voy a Murialdo, y entonces Juan Bosco no hizo más que quedarse mirando un crucifijo que estaba colgando de la pared, y al verlo mamá Margarita empezó a mirar también, y entonces mamá Margarita le dice a san Juan Bosco, tienes razón, porque no somos humildes no tenemos paciencia, me quedo contigo en Turín, no me voy a Murialdo.

La perseverancia es paciencia, todo es paciencia, y la Iglesia por eso que sabe muy bien y es maestra y pedagoga y madre, haz que aprendamos la enseñanza de su paciencia, porque la gran enseñanza de la pasión de Jesús es la paciencia, y así aprendiendo la enseñanza de su paciencia merezcamos participar de su Resurrección, qué maravillosamente bonita es esta oración del Domingo de Ramos, y que maravillosa es la liturgia cuando se saborea en la intimidad del corazón.

Y vuelvo a repetir que el Misal es libro de texto indispensable para el alma que quiera progresar en los caminos de Dios, no nos dejemos llevar de superficialidades ni de modas en nada, porque la gente no sabe lo que dice en la mayoría de los casos porque ni piensa, y al pensar no ama, porque la raíz del amar es siempre el pensar porque el corazón empieza en la cabeza y como la gente no tiene cabeza pues ya se sabe, tampoco tiene corazón. De manera que ésta es la actitud con que hay que comenzar la etapa más fecunda, más santa, más trascendental, quizá de mi vida, porque si yo aprendo la paciencia ya está todo hecho.

Y por eso el enemigo trata de guerrear mucho, pero hombre qué largo se hace esto, con lo bien que estábamos ayer en el descanso, podía haber seguido el descanso y haber veraneado un poquito, ya es tiempo que empecemos a veranear, y por eso el enemigo sabe ver cuando pasa esto más o menos es como lo anterior. No es como lo anterior es mucho más decisivo, te juegas aquí ahora el todo por el todo, porque si tú llegas a asimilarte la paciencia de Jesús entonces sí que sabes estar con María a la cruz de Cristo, sabes vivir tu vocación. Sabes realizar esa fórmula de la liturgia tan bella de la misa de la Virgen Dolorosa, iusta crucem tecum stare, al lado de la cruz, junto a ti, estar.

Sigue hablando Ignacio de las reglas para ir tú averiguando de lo que en ti se causa de pensamientos, de ideas, de imaginaciones y de sentimientos, cuáles proceden del amigo y cuáles del enemigo, interesante, lo más interesante de los ejercicios, porque los ejercicios la ventaja que tienen es que le hacen descubrir al hombre sus enemigos, aquellos que aprendió de niño en el catecismo y estuvo repitiendo sin que se diese cuenta, mundo, demonio y carne.

Pero los ejercicios, aún de tres días si se dan como quiere Ignacio, le encaran al hombre con sus enemigos, y luego además sobre todo le enseñan, le empiezan a enseñar por lo menos las armas para combatir victoriosamente contra ellos, contra el mundo, oración sobre el Evangelio, contra la carne, penitencia, y contra el enemigo que está continuamente actuando a través de mis pensamientos, imaginaciones, ideas o sentimientos, un director espiritual, reglas de discreción de espíritus, y claro así sale el cristiano que quiera vivir la vida cristiana completamente protegido para luchar contra sus enemigos. (…)

De esta manera se va quietando y pacificando el alma y cualquier cosa que le sucede, como decía santa Teresita, cualquier borrasca que se produce en mi alma o en mi vida solamente agita las aguas superficiales. No se contagia nunca a las aguas profundas que permanecen constantemente en paz, eso es consolación en medio de las marejadillas, que mientras naveguemos por el mal tiene que haberlas. Pero se puede llegar a esta paz y a este sosiego que pone aquí Ignacio propio de la infancia espiritual de santa Teresita del Niño Jesús, a quien hemos declarado intercesora sobretodo en esta etapa, la más fecunda, la más santa y la más trascendental.