Hogares de Santa María

Asociación Pública de Fieles

San José Sánchez del Río

San José Sánchez del Río

San José Sánchez del Río nació en Sahuayo, Michoacán el 28 de marzo de 1913, fue un joven mártir cristero de catorce años de edad, procesado y ejecutado por oficiales del gobierno mexicano, durante la Guerra Cristera en México.

Beatificado el 20 de noviembre de 2005 por Benedicto XVI y canonizado el 16 de octubre de 2016 por el papa Francisco.

D. Rafael Delgado nos comenta brevemente la vida de este santo.

San Juan Bosco

San Juan Bosco, trabajador en la educación humana y espiritual de los jóvenes

San Juan Bosco. Uno de los mayores santos del siglo XIX. Trabajador incansable en la educación humana y espiritual de los jóvenes. Dejó una obra educativa inmensa que dura hasta hoy. Fundó la Congregación religiosa más numerosa en la actualidad. Tuvo un amor a la Virgen tan grande que acometió empresas imposibles para bien de los jóvenes, y salió siempre adelante, gracias a su inquebrantable confianza en María Auxiliadora.

Escuchemos lo que nos comenta D. Antonio Pérez Alcalá

La comunión de los santos

La comunión de los santos

D. Antonio Pérez Alcalá nos habla sobre la comunión de los santos.

Noviembre es mes para reflexionar en lo fundamental: soy criatura, vengo de Dios y voy a Dios.

La muerte, el juicio, el infierno o el cielo son inevitables. No pensar en ello no resuelve nada, más bien, puede complicar mucho el final. Pero la muerte es Cristo, amor infinito, el juicio será misericordioso, y la comunión de los santos, presidida por nuestra Madre la Virgen, nos ayuda en este peregrinar.

Miremos con esperanza al futuro: es mucho lo que nos espera… lo que ni ojo vio, ni oído oyó…

Besando la cara de Dios, Morgan Weistling

Flores a María en el mes de mayo, consagrado a nuestra Señora

LECTOR. Purísima e Inmaculada Virgen María: Presentes ante tu trono tus hijos. Ante tu altar derramando con amor las flores de nuestros obsequios. Queremos contemplarte muy de cerca todos los días de este mes bendito, para que la fragancia de tus virtudes perfume nuestras vidas; para que el calor de tu mirada maternal nos aliente en nuestras luchas, nos consuele en nuestras penas, nos fortalezca de nuestros desfallecimientos.
TODOS: De nuevo nos consagramos a Ti. Tuyos somos. Tuyos queremos ser. Tuyos nuestros alientos de conquista. Tuyos nuestros ímpetus de combate. Tuyos nuestros ardientes deseos de pureza inmaculada. Tuyos nuestros ardorosos anhelos de ferviente apostolado.

Lector. Nuestro más santo orgullo, Virgen María.
Todos: Tenerte a Ti por Madre.

Lector: Nuestra más honda alegría.
Todos: Cantar siempre tus glorias.

Lector: Nuestro más ardoroso anhelo.
Todos: Prender almas de joven en tu manto azul, reluciente de estrellas.

Lector: Al brillar el sol de oriente.
Todos: Abre su cáliz la flor.

Lector: Y ábrese el alma que siente.
Todos: Las miradas de tu amor.

Lector: Cantemos, Madre, tus glorias, guiados por la Iglesia Santa en este mes de ensueño.
Todos: Toda hermosa eres, María.

Lector: Y no hay en Ti mancha de pecado.
Todos: Tú, gloria de Jerusalén.

Lector: Tu, alegría de Israel.
Todos: Tú, honor de nuestro pueblo.

Lector: Tú, abogada de los pecadores.
Todos: ¡Oh, María, Virgen prudentísima, Madre clementísima!

Lector: Intercede por nosotros ante el Padre, cuyo Hijo nos diste.
Todos: Para que las flechas de nuestras vidas apunten siempre al cielo en que Tú habitas.

Lector: Madre Purísima, azucenas de pureza sean nuestras vidas para Ti, blancas como el ampo de la nieve inmaculada, incontaminadas como el ara de nuestros altares. Dios te salve, María…
Todos: Santa María…

Lector: Reina y Madre de los apóstoles, siembra en nuestros corazones semillas de cielo, que rompan alegremente en rosas de apostolado de conquista a la mayor gloria de Dios. Dios te salve, María…
Todos: Santa María…

Lector: Madre nuestra, Santa María, que un destello de luz irradiando de Nazaret, ilumine nuestras vidas. Que contemplemos en Jesús, obediente y humilde, el modelo de nuestra vida de familia. Dios te salve, María…
Todos: Santa María…

Lector: Santa Madre de Cristo trabajador, que nuestras horas de trabajo y estudio, unidas a las de Jesús en Nazaret, ofrecidas con alegría por la conquista de nuestros hermanos, atraigan las bendiciones del cielo sobre nuestra obra redentora. Dios te salve, María…
Todos: Santa María…

Lector: Reina y Madre de (nuestra familia, parroquia, etc.), que el Espíritu Santo, con la plenitud de sus dones, descienda sobre nuestros corazones en el mes más bello del año, en el Pentecostés solemne, que abrase nuestras almas en fuego de conquista, para que rindamos ante tu trono las almas de todos nuestros compañeros y amigos. Dios te salve, María…
Todos: Santa María…

Lector: En este mes de las flores, alas te pido Madre.
Todos: Alas para volar.

Lector: Alto, muy alto.
Todos: Sin descansar.

Lector: No me dejes plegar.
Todos: Las alas que Tú me diste.

Lector: Hasta que llegue a esa tu luz.
Todos: Donde las sombras terminan.

Lector: Donde estás Tú.
Todos: Alas te pido Madre.

Lector: Alas cargadas de almas.
Todos: Que vuelen también a Ti.

Lector: Almas, Madre, de mirada clara y profunda, que fija la vista en la altura, puedan cantar con nosotros.
Todos: No he nacido para el suelo, que es morada de dolor; yo he nacido para el cielo, yo he nacido para Dios.

Lector: Almas que serán perlas para engastar en tu corona de Madre, de Virgen, de Reina.
Todos: De Madre, las más tierna, de Virgen, la más pura, de Reina, la más misericordiosa.

Lector: Almas que unidas con nosotros en eternidad de eternidades te contemplen para siempre a la mayor gloria de Dios.
Todos: Amén.

Entendamos a Cristo para mejor amarle y llevarle al mundo

No entendieron a Cristo sus paisanos, ni los sumos sacerdotes judíos, ni los romanos, ni incluso sus apóstoles. Tampoco cuando resucitó. No le entiende la sociedad, ni los políticos, ni los financieros, ni el hombre moderno. ¿Qué nos falta? La humildad de conocer que somos criaturas.

Pidamos estos días de Pascua, por mediación de nuestra Madre, Santa María, conocimiento interno de Cristo, para mejor amarle y llevarle al mundo.

Escuchemos el audio de D. Antonio Pérez Alcalá.

Oración

Momentos providenciales para unirnos a la cruz de Cristo

Hay que rezar mucho para que esta prueba en plena cuaresma se convierta en un especial momento de gracia en el que muchos se acerquen a Dios al sentir la propia fragilidad y en el que la humanidad entera recobre el sentido de la transcendencia: que dejemos de vivir como si Dios no existiera, como si no fuéramos a morirnos nunca.

Aprovechemos especialmente nosotros, que somos privilegiados en el trato con Dios, para rezar más en familia, intensificando (o recuperando, quizá) costumbres o prácticas que habíamos dejado: rezo del ángelus, del rosario, del viacrucis, lectura de la Palabra de Dios, ayuno, meditación…

Se acercan los días de Semana Santa tan especiales siempre. Esta vez no podremos tener juntos las Jornadas. Dios nos bendecirá de otra manera y ya nos dirán los responsables cómo y qué debemos hacer. Os adelanto que, en sintonía con los acontecimientos que vivimos, cada día grande de la Semana Santa los viviremos así:

Jueves Santo: DÍA DE LA CARIDAD.

Día del amor de Dios hasta el extremo (Eucaristía). Día también de amor fraterno. ¡Cuántos ejemplos de amor y caridad estamos viviendo y viendo estos días!

Viernes Santo: DÍA DEL DOLOR

Al sufrimiento redentor de Cristo en la Cruz, se une el sufrimiento de tantos contagiados, de tantos enfermos, de tantas personas que no han podido ni despedir a su ser querido, tantos nuevos pobres,…

Sábado Santo: DÍA DE LA ESPERANZA

La Virgen de la esperanza, que ha estado junto a la Cruz, la Virgen dolorosa, nuestra Madre bendita, será el gran motivo de nuestra fortaleza y de nuestra confianza en la prueba. Ella no abandona jamás a sus hijos.

Domingo de Resurrección: DÍA DE LA ALEGRÍA

La certeza de Cristo Resucitado, del Dios vivo vencedor del pecado y de la muerte nos llena de una alegría superior, que nadie ni nada nos puede arrebatar. El Amor al final siempre triunfa.

Entre tanto, y mientras llegan esos días, intentaremos haceros llegar todos los días materiales que os ayuden en vuestra oración diaria. Meditaciones grabadas o escritas para ser oídas o leídas. Gracias a Dios tenemos posibilidades muy buenas de conectarnos a muchos blog o canales que nos garantizan alimento espiritual. Pero es oportuno que como Hogares de Santa María tengamos ayudas específicas para vivir lo mejor posible nuestros compromisos personales y ser fieles, especialmente en este momento, al camino espiritual que el Señor nos pide, a nuestro espíritu.

Nada más. Os encomiendo a todos especialmente en el sacrificio de la misa de cada día, y le pido a la Virgen que nos meta a todos en su Corazón de Madre.

Con mi afecto y bendición,

P. Feliciano


Horario de los oficios de Semana Santa retransmitidos desde el Hogar Stabat Mater

Horario de oficios de Semana Santa 2020


Fichas en formato pdf

Ficha general, válida para todos los días

Ficha contemplación del misterio de la Encarnación

Ficha la Pasión del Señor: el lavatorio de los pies

Ficha la humillación de Jesús en su Pasión

Ficha la agonía de Getsemaní

Ficha prendimiento de Jesús: el beso de Judas

Ficha negación de Pedro

Ficha la flagelación del Señor

Ficha la corona de espinas

Ficha con la cruz a cuestas

Ficha la Crucifixion

Ficha la muerte de Jesús

Ficha palabras de Jesús en la cruz (I)

Ficha palabras de Jesús en la cruz (II)

Ficha palabras de Jesús en la cruz (III)

Súplica en letanías por el fin de la pandemia


Audios

Tentaciones de Cristo (Botticelli)

Santo es aquel que se levanta siempre que cae

Jesús se somete de una forma misteriosa e incomprensible a la tentación de Satanás. Quiso hacerse igual a nosotros en todo, excepto en el pecado y la tentación no es pecado, es un reto que tiene el hombre para acercarse más a Dios. Primero, fortaleciendo su voluntad, y resistiéndola y si llegamos a caer, que caemos muchas veces, cultivando la humildad, que es lo que más nos acerca a Dios. ¿Qué es un santo? Aquel que siempre que cae, se vuelve a levantar.

Escuchemos a D. Antonio Pérez Alcalá en esta chara.

Un evangelio que al mismo tiempo es milagro, advertencia, bienaventuranza

Primera meditación para el 15 de marzo de 2020

Domingo tercero de Cuaresma del Itinerario Litúrgico del venerable P. Morales

(Comenta el Evangelio Lc 11,14–28)

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa.  Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.  Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.  Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.  Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice: “Volveré a mi casa de donde salí”.  Al volver se la encuentra barrida y arreglada.  Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio». Mientras él hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Llegamos a la mitad de la Cuaresma. Han transcurrido quince días. Nos separan dos semanas del domingo de Pasión (V domingo de cuaresma). Con él se inicia la etapa más transcendental en la preparación para la Pascua.

La Iglesia nos presenta un evangelio que al mismo tiempo es milagro, advertencia, bienaventuranza.

Un doble milagro

Jesús estaba lanzando un demonio, y era mudo. En medio de la turba, Jesús atraviesa «haciendo el bien» (San Pedro). Reparte milagros y prodigios. Ahora tiene delante un hombre poseído del demonio. Además es mudo. Antes había librado a muchos. Y le presentaron todos los que estaban endemoniados, y los curó… Y los que eran atormentados por esos espíritus impuros eran curados.

Todos, a veces, nos sentimos endemoniados. Cuando el enemigo desencadena su ofensiva, cuando Jesús parece que nos abandona. Lo estaríamos si no fuese por su gracia libertadora. Y estamos también mudos sin acertar a darle gloria, a servirle amando. Nos sentimos paralíticos, dominados por la apatía, vencidos por la desgana.

Es la mejor disposición para iniciar la oración. Sentirse como lo que en realidad somos. Nada y menos que nada; pecado, miseria. Meterme entre la turba, considerarme un endemoniado mudo. ¡Madre, acércame a Jesús! Si le toco, quedaré libre para cantar con mis labios y mi vida sus misericordias… Y toda la muchedumbre procuraba tocarle, porque salía de Él una virtud que los sanaba a todos. Madre: que conmigo se acerquen a Jesús todos los hombres, para que Él haga el doble milagro en esta Cuaresma santa.

Y, como hubo lanzado al demonio, se puso a hablar el mudo. Con naturalidad, con sencillez, rompió a hablar. Sus primeras palabras brotan caldeadas por el amor agradecido a Jesús, su libertador. Mientras, se admiran las turbas. Y se maravillaban las turbas. ¡Qué poder el de Jesús! ¡Qué no haría Él en nuestros corazones, en el mundo, si sus consagrados, sus militantes, tuviesen fe, confianza, amor! ¿Verdad, Madre, que nuestra falta de fe tiene encadenada su omnipotencia para lanzar demonios, convertir al mundo?

Una advertencia

La calumnia lanzada por los judíos: «En virtud de Belcebú lanza los demonios», le ofrece ocasión a Jesús para hacernos una advertencia. Antes reparemos en la respuesta de sus enemigos a los beneficios que hace: calumnia, persecución, odio… Este Evangelio va precedido de los ataques de los judíos, que han querido apedrearle, apoderándose de su persona para matarle. No se extrañe el cristiano. No será de mejor condición que su Maestro. Cuando le apedreen aquellos mismos a quienes hace el bien, sepa exhalar fragancia, como los rosales cuando los chiquillos lanzan piedras sobre ellos. No sea como los estercoleros. Aprenda de Juan de la Cruz. En cuarenta y nueve años de vida, sus pies descalzos no pisaron más que espinas, pero hicieron florecer a su paso un sendero de rosas que desde el cielo sigue alumbrando. Sus labios, que gustaron tantas hieles, no exhalaron más que poesía.

Todo reino dividido contra sí mismo será asolado, y caerá casa sobre casa. Un alma que no esté clavada en Dios, centrada en solo Él, perecerá. Centrar en Dios inteligencia, corazón, actividad. «Amarás al Señor, Dios tuyo, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas las fuerzas de tu espíritu.» Tú, Madre, toda, sola, siempre de Dios, enséñame este amor totalitario que garantice mi perseverancia. Un mismo pensar, un mismo querer, un mismo obrar, y, sobre todo, un único señor saboreándolo todo y haciendo fácil la obediencia rendida a nuestros compromisos, pues, «si una vez nos hace el Señor merced de que se nos imprima en el corazón este amor (a Jesús), sernos ha todo fácil, y obraremos muy en breve y muy sin trabajo» (Santa Teresa, Vida c.22).

Quien no está conmigo, está contra mí; quien no allega conmigo, desparrama. Ahora entiendo un poco, Madre, estas palabras de Jesús. Quien o está centrado en Jesús, por la obediencia continua y amorosa, por la intención recta y pura en todos sus actos, está contra Él. Quien se mueve fuera de la órbita de su voluntad, desparrama para el cielo, para la vida eterna, para la salvación de las almas. Aunque se mueva mucho, hace «poco más que nada, y, a veces, nada, y, aun a veces, daño» (Juan de la Cruz). ¡Madre: que entre en órbita, centrando mi vida en solo Dios!

La advertencia de Jesús se perfila ahora con más precisión. Los ataques del enemigo no se amortiguarán aunque el cristiano lleve muchos años consagrado a Dios, lejos del pecado. Cuando el espíritu inmundo ha salido de un hombre, toma consigo siete espíritus más perversos que él, y, entrando, establece allí su morada.

Tratará siempre de reconquistar el alma perdida. La atacará con fuerzas siete veces mayores. Y la recaída puede ser más profunda y fatal: resultan las postrimerías de aquel alma peores que los principios… Pero no temas; mira a la estrella, invoca a María. Ella, vencedora en cien batallas, te dará la victoria. Torre fuerte, inexpugnable, de la que penden mil escudos; los escudos de los valientes. Ella mira desde el cielo en eterna calma. Ella, la eterna virginidad y la eterna maternidad, el misterio de la pureza y el misterio de la fecundidad.

Una bienaventuranza

Ahora es una mujer la que se atreve a intervenir. No puede aguantarse más. Le arde el corazón por dentro. Se quema de amor. Levantando la voz en medio del pueblo, una voz salida de lo más profundo de su alma, una voz llena de fe y de amor. Levanta la voz, incapaz de contenerse. Desafía las iras de los judíos que calumniaban a Jesús. Desafía la cobardía de tantos que no se atreven en público a expresar sus sentimientos de admiración hacia Jesús por miedo a sus enemigos. Ella, levantando la voz con valentía y decisión, con fe y devoción, con sinceridad y audacia, «confunde la calumnia de los judíos, la perfidia de los herejes» (SAN BEDA), la cobardía de tantos cristianos a medias. ¡Madre querida: que se levante de mi corazón una voz de agradecimiento a Jesús, que cante en cada momento del día sus misericordias!

Bienaventurado el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron. La exclamación de la mujer es también la oración espontánea del bautizado. Se extasía ante la belleza de las palabras y vida de Jesús. Y se admiraban todos de las palabras que salían de su boca (Lc 4,22). Bienventurada por siempre, bendita sea eternamente esa virgen Madre que te dio a luz. La alabanza a Jesús redunda en gloria para María. Bendita entre todas las mujeres. Eres la santísima Madre de Jesús.

Mas Él dijo: «Bienaventurados, más bien, los que escuchan la palabra de Dios y la guardan.» En el silencio amoroso de la oración se escucha la palabra de Dios. Las inspiraciones divinas se suceden también en el estrépito del mundo, en el ir y venir por las calles, en el trabajo o estudio de cada día. En cualquier ocasión, el alma recogida escucha y habla, se recoge y ama, salva almas y se une a María, y con ella «engrandece y glorifica» al Señor.

Y cuando la palabra escuchada en la oración se transforma en vida, cuando el sacrificio de la voluntad propia, en aras de la de Dios, se ha realizado, entonces se cumple la bienaventuranza de Jesús. Una paz divina inunda el alma. Y se derrama en sus hermanos, arrastrándolos a Dios. «Y la paz de Dios, que sobrepuja y excede toda ponderación, guarda su inteligencia y corazón en Cristo Jesús, Señor nuestro (Flp 4,7). Y la virgen Madre embalsama en suavidad y dulzura sus sacrificios redentores. Conmovida, le dice en cada instante: «Si quieres ser feliz, si quieres que se cumpla sobre ti la bienaventuranza de Jesús, tienes que hacer lo que yo. Mi fe y obediencia, aceptando la embajada dolorosa y gozosa de la anunciación, me hacen bienaventuradamente feliz para siempre. Escucha la palabra de Dios. Guárdala siempre, y serás feliz en tu carrera mientras dura la marcha peregrina hasta que nos veamos en el cielo.»

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© Hogares de Santa María & Plantilla de Anders Norén

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